La Transición en la Memoria

Os dejo un fragmento del libro de Mario Amorós, “La transición en la memoria” en el que se habla de mi bisabuelo.

La Transición en la Memoria

El 16 de abril de 1931 Manuel Alberola Sellés, elegido alcalde de Novelda después las elecciones municipales celebradas cuatro días antes, publicó esta nota en el boletín del Ayuntamiento:

Don Manuel Alberola Sellés, alcalde popular del Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad hago saber:

Que proclamada la República en España, por la voluntad del pueblo soberano y elevado a la alcaldía de este Ayuntamiento por los votos de los ciudadanos conscientes de la población, me pongo incondicionalmente a la disposición de este vecindario con la seguridad de que mi actuación, inspirada en los más puros ideales democráticos en que se ha apoyado siempre con la más estricta justicia e igualdad, respetando los derechos de todos, estando convencido de que me prestaréis vuestro apoyo y cooperación, observando siempre el orden y la moralidad con que se desarrollan los principios de la gran República Española para que todo redunde en bien de nuestra patria chica y de nuestra querida España.

Alberola fue el fundador del Círculo Republicano de Novelda ubicado en el bar Ricardo. En diciembre de 1930, en un contexto nacional marcado por los fusilamientos en Jaca de los capitanes republicanos Fermín Galán y Ángel García Hernández, fue encarcelado en el Reformatorio de Alicante junto con otros destacados militantes de la causa democrática de esta ciudad y de la provincia. El 14 de abril de 1931, después de que la República se proclamara el día anterior en Eibar y aquella misma jornada en Madrid y sucesivamente en todo el país, fue nombrado primer edil por la corporación de manera unánime.

Su mandato apenas duró un año y medio ya que falleció el 11 de diciembre de 1932, pero en aquel corto periodo de tiempo dejó una huella que aún caracteriza a la ciudad: impulsó la construcción del mercado de abastos, donó tierras de su propiedad para la ampliación del cementerio y, sobre todo, construyó un canal de riego (conocido como Canal Alberola) que transformó una gran cantidad de tierras de secano en útiles para el regadío en la zona oeste del término municipal.

Aquí podéis descargar el libro completo

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La historia de las especias a través de APRECOIN

La historia de las especias a través de APRECOIN

He encontrado una interesante publicación de La Asociación Provincial de Empresas de Especias, Condimentos e infusiones de Alicante APRECOIN.

El libro “La historia de las especias”, relata el origen de las especias, las primeras rutas y su introducción en España.

Una historia interesante sobre las primeras empresas que empezaron a comercializar el azafrán en Novelda.

En el documento nombra a mi tatarabuelo Manuel Alberola Valero como uno de los primeros que fue a la meseta en busca de azafrán para vender y de mi bisabuelo Manuel Alberola Sellés como uno de los primeros que empezó a exportar a Europa, Norte de África y Asia.

http://www.aprecoin.com/images/Libro-Especias-Aprecoin.pdf

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Novelda y el azafrán

Así cuenta la historia de mi bisabuelo, el catedrático Diego García Castaño en su libro “Las rutas de los mercaderes y el alborear de la matemática”.

Portada libro la Ruta de los Mercaderes y el Alborear de la Matemática Diego García Castaño
El capitulo V se refiere a Novelda y al azafrán y dice así:

Adentrándonos por la industriosa ciudad de Novelda, desde cuyas empresas se exportan casi la totalidad del azafrán y el 60% del mármol que salen de España, nos encontramos, en un primer plano de nuestra narración, con Manolico Alberola, (1877 Sevilla-1932 Novelda), que es como llamaban sus vecinos a Manuel Alberola Sellés, que fuera alcalde de esta ciudad nada más iniciarse la II República.

Manolico tuvo el honor de ser uno de los precedentes más emblemáticos del dinamismo empresarial noveldense, como nos lo confirma el alcoyano Rafael Coloma Payá cuando habla de él en su libro Viaje por tierras de Alicante, (1957), prologado por el propio Azorín.

Con todo lo que supuso lo de la filoxera para los viñedos franceses y los consiguientes ríos de vino español que desembocaron por aquellos años en Francia, fueron muchos los españoles, entre ellos Manolico Alberola como representante de la empresa de su padre, los que pasaron por asuntos relacionados con el vino por Marsella, ciudad de distribuidores y comisionistas de azafrán y otras especias.

Como a Manolico Alberola le impactó tanto lo de los altos precios que pagaban por el azafrán unos mercaderes de la India con los que contactó en el país vecino, no es extraño que se ilusionara con lo mucho que podría ganar presentándose en la India o en otros países asiáticos, vendiendo azafrán sin intermediarios, sin intervención expresa de los almacenistas de Marsella.

Sin hacer muchas más cábalas, dio libertad plena a sus primeros impulsos: iría a venderles en su propio país, a todos los que quisieran comprarle, el mejor azafrán del mundo, el “oro rojo” de la Mancha y el Jiloca.

Su aventura se inició entre raíles en la estación de tren de Novelda, llevando en el fondo de su maleta un sobre lleno de hilillos de azafrán de la Mancha o, quizás, más de uno para no deteriorar la totalidad de la mercancía cada vez que la mostrara a sus futuros compradores.

A base de trenes y transbordos, marcopoleó hacia París y Moscú. En esta última ciudad, tomó el Transiberiano, que hacia, desde el año 1904, el trayecto Moscú-Vladivostok y, sentado en él durante más días que tiene la semana, vio como pasaban algunas de las estaciones de su particular ruta: Pem, Omsk, Novosibirsk, Kranoyarsk, Irkutsk, Ulán-Udé.

Aunque desde esta última ciudad salía el Transmongoliano, como él no necesitaba efectuar ya más transbordos, ensimismado en sus cavilaciones y con un enigmático rictus de complacencia en su rostro, continuó contemplando paisajes desérticos, montañosos, lagos y todo lo que a su vista se le ponía por delante; mientras, el tren repetía con férrea monotonía, una y otra vez, sus consabidas paradas, sus breves esparcimientos, a su paso por Chita, Tarskaya (desde donde salía el Transmanchuriano), Jabarvsk, hasta quedarse completamente parado en la estación de Vladivostok, en las costas rusas del Mar del Japón.

Manolico Alberola estuvo por tierras niponas, visitó China e hizo algunas escalas en puertos de este gran país, repitiendo por mar parte de la ruta que hizo Marco Polo cuando se despidió de China. Navegó hasta la India, allí mostró las hebras de azafrán que llevaba cuidadosamente guardadas dentro de los sobres, igual que había hecho por todos los lugares por donde había pasado, osea, por Rusia, China y Japón.

Los mercaderes indios se maravillaron de la calidad del azafrán español, de su fulgurante color rojo-reflectante, de su exquisito sabor, con esa suave chispa a amargo que encandila a la gente, y de su sutil y perfumado aroma.

En la India permaneció varios meses, negoció cuanto quiso, y sus solicitas hermanos le enviaban el mejor azafrán que se cosechaba en España. De sus viajes a la India siempre sacó provecho económico y fue, además, un ejemplo a seguir, para muchos “mercaderes” de la zona.

Entre la treintena de empresas que fabrican, seleccionan y envasan especias, condimentos, infusiones, postres o salsas de Novelda y el centenar largo de fábricas de mármol de esta ciudad y las de Monforte del Cid, las hay que se crearon por los años 1870 (Azaconsa); 1890 (Verdú Cantó Saffron Spain); 1901 (Mármoles Seller); 1909 (Azafranes Chiquilín); 1912 (Azafranes la Barraca); 1920 (Jesús Navarro Jover, “Carmencita”); 1943 (Azafranes Vda. de Arturo Gómez Tejedor); 1956 (Mármoles José A. Garcia Moya, Monforte del Cid); 1960 (Mármoles Hermanos Jiménez); 1962 (Mármoles Bempe); 1981, aunque sus raíces estén ancladas en el año 1878, (Bateig Piedra Natural); 1988 (GrupoLevantina de Granitos) y 1989 (Esteve y Mañez Mármoles, Monforte del Cid). Algunas de ellas centenarias, como vemos.

Todo esto nos pone de manifiesto que, bien avanzado el siglo XX, el negocio del mármol resurgió con vigor, con el despegue económico de los sesenta y el auge de la construcción de los ochenta, y que la gente de Novelda y Monforte del Cid, desde finales del siglo XIX, se dedicó con tenaz empeño al negocio del azafrán, el mármol o la uva de mesa para paliar la “erosión” económica que se produjo después del boom financiero que vivió la provincia de Alicante, con lo de la filoxera que afectó a los viñedos franceses.

Estos negocios, que contaron con el espíritu emprendedor de noveldenses y monfortinos, nacieron, en parte, por la necesidad de asegurar una subsistencia vital, pues fueron muchos los ciudadanos alicantinos que tuvieron que buscar en otras latitudes su sustento.

Por eso, muchos hijos de Novelda, viendo cómo algunos paisanos suyos negociaban con el azafrán, oyendo lo que se contaba sobre las andanzas por la India de Manolico Alberola, el “Azafranero Honorario”, en la intimidad de nuestro relato, y enterados de los frecuentes embarques de azafrán por el puerto de Alicante, se contagiaron de la fiebre de las especias y marcharon a comprar azafrán a La Mancha, con tren unos, y otros adentrándose por los caseríos, azafranales y pueblos manchegos con sus propios medios de locomoción, primero con su carro o su caballo y, más tarde, con su camioneta o su coche. Los medios de locomoción propios les permitían seleccionar cómodamente, en las mismas zonas productoras, la mejor partida que encontraran de este producto y poder aprovechar, además, el viaje de vuelta a casa para ir vendiendo, si se daba el caso, parte de lo que habían comprado por los pueblos por los que pasaban.

A veces el azafrán lo traían hasta los porches, hasta las casas-fábrica, o lo enviaban por tren a la estación de Novelda los propios productores manchegos tras su recogida, monda y secado.

El proceso de la recogida de la flor del azafrán, del desbrizne de sus tres elásticos y flexibles estigmas, y del tueste de los mismos, se concentra en muy pocas fechas, en unas tres semanas, que suelen caer normalmente entre el diez de octubre y la mitad del mes de noviembre. En otros tiempos los pueblos, productores de esta preciada mercancía, dedicaban esas fechas casi exclusivamente a las tareas de cortar la flor del azafrán y la extracción y tostado de sus estigmas.

En plena floración el azafranal, con su color lila purpúreo o azulado, inunda el paisaje de perfiles inéditos y ensoñaciones diversas que constituyen un espectáculo pintoresco y cautivador. Suele regarse por primavera para estimular la formación del bulbo, y por el equinoccio de otoño, para la floración.

Ateridos de frío, con el lucero del alba como testigo y los últimos retazos del crepúsculo de la mañana precediendo al amanecer, los cultivadores se afanan en cortar las

tersas flores del azafrán, que están abiertas, antes de que el sol culmine sobre el meridiano del lugar y se mustien dificultando su recogida.

Restauración placa original a la calle de Manuel Alberola

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La familia de Manuel Alberola devuelve a la calle que lleva su nombre la placa original.

Antonio Almodóvar Alberola, nieto del que fue el primer alcalde de Novelda de la II República, vio ayer cómo la calle que lleva el nombre de su abuelo recuperaba una placa que se quitó durante el franquismo y que su familia ha conservado durante casi 80 años en perfectas condiciones.

Manuel García Terol explicaba que, durante los primeros años del franquismo, las autoridades decidieron retirar tres placas de la ciudad que recordaban a personajes que tenían una ideología claramente contraria a la del régimen: Pablo Iglesias, Blasco Ibáñez y Manuel Alberola, quién fue el primer alcalde de la II República en Novelda. Las placas de Iglesias e Ibáñez fueron destruidas, pero la de Manuel Alberola se salvó por el aprecio que le tenían los noveldenses. Entonces la familia la guardó en su casa durante todo este tiempo enrollada en una manta, que la ha conservado en perfectas condiciones.

Captura de pantalla 2014-01-08 a la(s) 18.18.19Antonio Almodóvar, nieto de Alberola, pudo ver ayer cómo la calle que lleva el nombre de su abuelo en la ciudad recuperaba esta placa que ha custodiado su familia como “oro en paño”. Aseguraba Almodóvar que su abuelo fue un gran alcalde para Novelda, realizando muchas obras importantes para la ciudad, aún habiendo gobernado durante poco tiempo. Pidió a cambio, eso sí, que el Ayuntamiento la trate como se merece y la conserve como hasta ahora lo ha hecho.

Las autoridades políticas de Novelda presenciaron también este momento histórico y acompañaron a la familia de Manuel Alberola, agradeciéndole la donación que han hecho.

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Magazine El Mundo 29 de septiembre de 2002

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Las mejores especias de La India están en Alicante

Sin saber casi castellano y en un valenciano de andar por casa, Manolico Alberola viajó a La India a principios del siglo XX para vender su azafrán. Así comenzó un negocio, el de las especias, que tiene en Carmencita, propiedad de la familia Navarro, a una de las marcas pioneras. Con 83 años de historia, comercializan condimentos en medio mundo, incluso paella liofilizada en Estados Unidos.

Por Llum Quiñonero. Fotografías de Luis de las Alas

Por la cinta pasean los botes de Carmencita que se van llenando de orégano; más allá, envasan pimienta negra, y en este banco próximo están empaquetando, a mano, hojas de laurel. En el recorrido huelo a canela, a pimentón, a vainilla; en una sala próxima, veo montones de cajas de Mandarín, famoso por su flan chino, el de la era del Japón, el de la coleta de tamaño natural. Empiezo a estornudar. Este popurrí de aromas me ha saturado las papilas olfativas. Estas especias han llegado hasta este pequeño pueblo alicantino desde países lejanos, donde hace muchos siglos las descubriera Marco Polo para el mercado europeo. Y pronto retomarán el viaje.

Descanso en la sala noble, la del envasado del azafrán, la reina de todas las especias, la más codiciada, la más cara, la más difícil de cultivar y de conseguir. Una trabajadora vuelca, sobre un banco de acero limpísimo, una caja cilíndrica repleta de pistilos, que despide un perfume elegante, aterciopelado, intenso; una montaña de filamentos granate cae adormecida sobre la mesa. ¿Cuánto hay ahí? ¿Tal vez dos kilos de diminutos estambres? Es manchego, y su precio ronda los i.202,02 euros el kilo. Toda una fortuna para el tamaño.

Estoy en Novelda, Alicante, en la sede central de la empresa Proaliment, líder en el sector de especias en España. Jesús Navarro es su presidente. Y su marca, Carmencita. Con ella venden dentro y fuera de España 2,2 toneladas de azafrán, 250 toneladas de pimentón, 85 toneladas de canela, i75 de pimienta, 75 de piñones, 55 de orégano… Un total de 20 millones de tarros envasados con decenas de hierbas y especias, que llegan a las cocinas de más de 35 países de todo el mundo. Pero, además, envasan y distribuyen verduras, infusiones y postres. En la actualidad, posee una plantilla de i48 trabajadores y la previsión del volumen de ventas para este año ronda los 4i millones de euros.

Jesús Navarro Valero, hijo de Jesús Navarro Jover, el fundador de Carmencita, representa a la segunda generación de esta empresa que comenzó su andadura en los años 20 y a la que ya han tomado el relevo tres nietos del fundador. Primero fue el azafrán; más tarde, la familia entró en el negocio del mármol, de la uva de mesa, y otras especias. Y a finales del siglo XX la empresa acomete nuevos retos. En sociedad con el grupo alimentario Ebro Agrícolas, compran marcas de prestigio como el flan chino Mandarín y comienzan a envasar otros postres, verduras, infusiones, salsas y pastas orientales. También empaquetan una mezcla de especias con azafrán, El Paellero, liofilizan el caldo para la paella, lo venden con la dosis de arroz y de aceite incluidos y se lanzan a por el mercado norteamericano, poniendo a Carmencita en los fogones gringos.

Riqueza entre las piedras. Pero ¿cómo comienza esta particular epopeya? Novelda es una tierra pobre, de cultivos de secano, sin agua en campos que son pedregales. A finales del XIX, la filoxera obligó a los franceses a buscar vino fuera de Francia, y muchos noveldenses, que no podían vivir de sus misérrimos cultivos, se buscaron la vida en el comercio. Así empezaron a llevar a Francia vino de los pueblos vecinos: de Jumilla, de Monóvar… Fue en Marsella donde conocieron a una familia hindú que usaba el azafrán para sus ritos religiosos. Los de Novelda les preguntaron lo que les costaba, en rupias y en libras esterlinas, y echaron cuentas. Sabían que en La Mancha se producía esta excelente especia, así que buscaron el modo de enviársela. Y el azafrán manchego fluyó hasta Novelda y desde allí a La India.

“Entre los primeros noveldenses que empezaron a vender azafrán a La India estaba Manolico Alberola, hermano del que más tarde sería mi suegro”, afirma Jesús Navarro. Manolico, sin saber francés, ni inglés ni casi castellano, en un valenciano de andar por casa, viajaba a París y de allí a Vladivostok para ir a Japón y, por fin, a La India. En uno de sus viajes incluso coincidió con Blasco Ibáñez, que estaba escribiendo La vuelta al mundo de un novelista. Manolico se quedaba varios meses en La India y sus hermanos, desde Novelda, le hacían los envíos”.

En 1919, Jesús Navarro Jover, de familia muy humilde, fue a pedirle un crédito para vender azafrán en España a Manolico Alberola. Y Manolico le prestó el dinero. Así empezó su pequeño negocio. “Mi madre, sus hermanas y algunas vecinas se reunían en casa para meter el azafrán en papelitos. Mi padre viajaba con aquellos sobres empaquetados y los vendía. Así fue abriéndose mercado en Madrid, en Valencia, en Andalucía, en Asturias…”, recuerda el hijo del patriarca.

A finales de los años 20, las marcas empezaron a desarrollarse. “Así, cuando en i927 nace mi hermana Carmen, mi padre le pone su nombre a los sobres de azafrán. La viste con un mantón de Manila y con un sombrero cordobés, en homenaje a sus clientes andaluces, y elige una fotografía de ella con tres años”.

El éxito del comercio con La India fue tan grande que, ya antes de la Guerra Civil, el mercado español empezó a quedar desabastecido. Así nace el colorante alimentario, condimento al que se le llamaba artificial: un sustituto del azafrán, hecho a partir del ácido tartárico. Colorea i0 veces más y es mucho más barato, pero insípido. Conforme aumenta el condimento, el azafrán desaparece de los papelitos. Eso sí, la paella iba subiendo de color. Y en tiempos en los que no había mucha sustancia que echarle a la cazuela, el amarillo de la tartrafina hizo furor en las cocinas.

Durante la contienda, el comercio de la especia roja quedó paralizado. Se dice que algunos de los republicanos alicantinos embarcaban hacia el exilio con un cargamento de azafrán entre sus pertenencias. Acabado el conflicto, la venta de los codiciados estambres retomó su andadura. Jesús Navarro llegó a tener i00 mujeres trabajando. Al día, cada una doblaba un mínimo de 2.333 papelitos. Así, en los años 50, Carmencita suministraba i00 millones de sobrecitos de azafrán al mercado español.

Máquina revolucionaria. “En los años 50, entramos en el negocio mi cuñado Luis Navarro, marido de Carmencita, y yo. En i963 cayó en nuestras manos una máquina italiana empaquetadora, dada como inservible por otro comerciante”, dice Jesús. Un mecánico de coches local, Martínez Parra, la retoca y consigue adaptar el sistema de plegado de papel bobina a su sistema de dosificación del polvo. Con cuatro añadidos logra una máquina que, con tres turnos y trabajando 24 horas, llena hasta 80 millares de carteritas. “El coste del envasado se reduce a una décima parte pero deja sin trabajo a mucha gente. Eso nos obligó a buscarles ocupación y a diversificar nuestros productos y envases. Y lo que parecía una temeridad en un primer momento supuso nuestro relanzamiento comercial”, añade.

En los 80, con la entrada de las grandes empresas de alimentación europeas y americanas se vuelve a mover la tierra en Novelda para los envasadores de especias. “Nos dimos cuenta de que ya no éramos los grandes y valientes entre las empresas familiares. Había que vérselas con gigantes muy poderosos y con las grandes superficies. Entonces dimos otro salto: nueva maquinaria, instalaciones y una red propia de distribución”.

Pero volviendo al azafrán, ¿qué papel juega hoy entre todos los productos Carmencita? “Las especias son casi el 70% de nuestro volumen de negocio, y el azafrán, la más importante por razones históricas y de prestigio. El problema es que cada año se produce menos en La Mancha, a pesar de que es el mejor del mundo por su aroma, color y sabor. A principios de siglo La Mancha producía hasta 40.000 kilos, pero la última cosecha no superó los 3.000”. Así que esta empresa también distribuye azafrán de Irán, de Grecia y de Marruecos. Sin embargo, el que envasan en tarros de lujo, el más preciado, el más caro, sigue siendo el manchego.

¿Y dónde consumen especias españolas en el mundo? “Los países árabes son importantes clientes porque hacen 20 tés al día y a todos les añaden azafrán. En América se llevan la palma los venezolanos. Y también México y Cuba. Empezamos a exportar en i980 y poco a poco el mercado ha ido creciendo. A Estados Unidos vamos con el azafrán, con pimentón, con el Paellero y con el Set Paella, que ha inventado la nueva generación: arroz, aceite y el fondo del caldo liofilizado”. ¿Eso, de verdad, está bueno?, pregunto. “Es excelente. Ten en cuenta que por tres o cuatro euros tienen un arroz para cuatro personas. Si, además, le añades unos calamares o unas gambitas, no tiene nada que envidiar a una buena paella”, dice entusiasmado, agitando una bolsita donde leo: Spanish paella.

Llaman al teléfono. Es Jesús Navarro, nieto, desde Nueva York, que anuncia su vuelta tras un viaje comercial. Su juventud es imprescindible para acompañar a Carmencita que, cumplidos los 83, sigue abriéndose mercados por el mundo.

Los “hijos” de la pequeña Carmen

Azafrán. Carmencita envasa 2,2 toneladas. Para obtener un kilo se necesitan unas 250.000 flores, que ocupan cerca de 10 hectáreas. Se recolecta en invierno; cada día se separan sus pistilos de las flores y una vez reunida la partida se tuesta a fuego lento. Su cultivo fue introducido en la península por los árabes.

Pimentón. Envasan 250 toneladas. Se consigue después de moler pimientos rojos secos. El más suave, el pimentón dulce, es la paprika, al que se le extraen las pepitas. Tiene vitamina C y su aroma es suave y penetrante.

Pimienta. La especia más consumida, comercializan 175 toneladas. Es una planta tropical y trepadora, originaria de La India. Las bayas, una vez recolectadas, se desecan. En grano, se conserva en recipientes herméticos durante largos periodos. Se cultiva en Indonesia, Malasia, Madagascar y Brasil. Representa el 25% de la producción mundial de especias, de la que EEUU es el principal importador.

Ajo. La empresa envasa 120 toneladas. Originario de Asia Central, se utiliza como condimento en la mayoría de platos tradicionales en España. Sólo en Las Pedroñeras (Cuenca) se producen 31.700 toneladas. La variedad más extendida es la morada. Se cultiva principalmente en secano (75%), aunque en los regadíos se alcanzan mayores rendimientos.

Canela. Se preparan 85 toneladas anuales. Es la corteza de un árbol originario de Sri Lanka, de hoja perenne; puede alcanzar 10 metros de altura. Se presenta en rama o molida en polvo. Aromática y de sabor fuerte, se usa en postres, chocolates, pasteles e infusiones.

Piñones. La empresa trabaja con unas 75 toneladas. Es el fruto de las piñas de pinos piñoneros. Ricos en magnesio, hierro y fósforo. Su produccion en España se concentra en la zona centro, en el suroeste y en el noroeste. Se estima que se producen entre 1.500 y 2.000 toneladas anuales. Son apreciados por su versatilidad para preparar guisos y repostería.

Perejil. Se manufacturan 50 toneladas. Es una hortaliza y se usa básicamente como condimento. Tiene vitaminas A, B2, B6, C y aporta calcio, hierro y potasio. Posee 5,2 gramos de proteínas y 9,1 gramos de fibra por cada100 gramos.

Cominos. Su semilla proviene de una planta originaria del Mediterráneo y del norte de África. Es un ingrediente básico en las cocinas del norte de África, del Oriente Próximo y de La India. De sabor fuerte y olor dulzón, es esencial para preparar “curry”. Envasan 55 toneladas.

Orégano. Procede del Mediterráneo y es indispensable para la cocina de Italia y Grecia. Condimenta arroces, pastas o ensaladas. Al año, pasan por la empresa 55 toneladas.

Tomillo. Carmencita envasa 15 toneladas. Es un arbusto pequeño de la cuenca mediterránea. Los egipcios conocían sus propiedades antisépticas y lo utilizaban para embalsamar. Aromático, se usa en platos que incluyan como ingrediente el vino tinto.

Ñoras. Pimientos rojos, secos, pequeños y redondos, muy utilizados en la cocina alicantina, murciana y catalana. Se usan como condimento, por su poderoso sabor y coloración, en arroces, guisos y salsas. Se comercializan 12 toneladas.

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En la memoria

Manuel Alberola Sellés fue mi bisabuelo. Comerciante de azafrán a finales del s.XIX y principios del XX, realizó varios viajes por la India, Japón, China y Rusia. Fue el 1º Alcalde que tuvo la 2ª República en Novelda. De sus largos viajes conservo las historias que durante toda su vida me contó su hija (mi abuela) y también conservo el manuscrito original de un diario a bordo del barco en el que realizó uno de sus viajes a la India en 1912. Las fotos que aparecen en este blog son escaneos de las fotografías originales, podéis utilizarlas pero por favor, siempre citando la fuente.