La Transición en la Memoria

Os dejo un fragmento del libro de Mario Amorós, «La transición en la memoria» en el que se habla de mi bisabuelo.

La Transición en la Memoria

El 16 de abril de 1931 Manuel Alberola Sellés, elegido alcalde de Novelda después las elecciones municipales celebradas cuatro días antes, publicó esta nota en el boletín del Ayuntamiento:

Don Manuel Alberola Sellés, alcalde popular del Excmo. Ayuntamiento de esta Ciudad hago saber:

Que proclamada la República en España, por la voluntad del pueblo soberano y elevado a la alcaldía de este Ayuntamiento por los votos de los ciudadanos conscientes de la población, me pongo incondicionalmente a la disposición de este vecindario con la seguridad de que mi actuación, inspirada en los más puros ideales democráticos en que se ha apoyado siempre con la más estricta justicia e igualdad, respetando los derechos de todos, estando convencido de que me prestaréis vuestro apoyo y cooperación, observando siempre el orden y la moralidad con que se desarrollan los principios de la gran República Española para que todo redunde en bien de nuestra patria chica y de nuestra querida España.

Alberola fue el fundador del Círculo Republicano de Novelda ubicado en el bar Ricardo. En diciembre de 1930, en un contexto nacional marcado por los fusilamientos en Jaca de los capitanes republicanos Fermín Galán y Ángel García Hernández, fue encarcelado en el Reformatorio de Alicante junto con otros destacados militantes de la causa democrática de esta ciudad y de la provincia. El 14 de abril de 1931, después de que la República se proclamara el día anterior en Eibar y aquella misma jornada en Madrid y sucesivamente en todo el país, fue nombrado primer edil por la corporación de manera unánime.

Su mandato apenas duró un año y medio ya que falleció el 11 de diciembre de 1932, pero en aquel corto periodo de tiempo dejó una huella que aún caracteriza a la ciudad: impulsó la construcción del mercado de abastos, donó tierras de su propiedad para la ampliación del cementerio y, sobre todo, construyó un canal de riego (conocido como Canal Alberola) que transformó una gran cantidad de tierras de secano en útiles para el regadío en la zona oeste del término municipal.

Aquí podéis descargar el libro completo

Restauración placa original a la calle de Manuel Alberola

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La familia de Manuel Alberola devuelve a la calle que lleva su nombre la placa original.

Antonio Almodóvar Alberola, nieto del que fue el primer alcalde de Novelda de la II República, vio ayer cómo la calle que lleva el nombre de su abuelo recuperaba una placa que se quitó durante el franquismo y que su familia ha conservado durante casi 80 años en perfectas condiciones.

Manuel García Terol explicaba que, durante los primeros años del franquismo, las autoridades decidieron retirar tres placas de la ciudad que recordaban a personajes que tenían una ideología claramente contraria a la del régimen: Pablo Iglesias, Blasco Ibáñez y Manuel Alberola, quién fue el primer alcalde de la II República en Novelda. Las placas de Iglesias e Ibáñez fueron destruidas, pero la de Manuel Alberola se salvó por el aprecio que le tenían los noveldenses. Entonces la familia la guardó en su casa durante todo este tiempo enrollada en una manta, que la ha conservado en perfectas condiciones.

Captura de pantalla 2014-01-08 a la(s) 18.18.19Antonio Almodóvar, nieto de Alberola, pudo ver ayer cómo la calle que lleva el nombre de su abuelo en la ciudad recuperaba esta placa que ha custodiado su familia como “oro en paño”. Aseguraba Almodóvar que su abuelo fue un gran alcalde para Novelda, realizando muchas obras importantes para la ciudad, aún habiendo gobernado durante poco tiempo. Pidió a cambio, eso sí, que el Ayuntamiento la trate como se merece y la conserve como hasta ahora lo ha hecho.

Las autoridades políticas de Novelda presenciaron también este momento histórico y acompañaron a la familia de Manuel Alberola, agradeciéndole la donación que han hecho.

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Magazine El Mundo 29 de septiembre de 2002

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Las mejores especias de La India están en Alicante

Sin saber casi castellano y en un valenciano de andar por casa, Manolico Alberola viajó a La India a principios del siglo XX para vender su azafrán. Así comenzó un negocio, el de las especias, que tiene en Carmencita, propiedad de la familia Navarro, a una de las marcas pioneras. Con 83 años de historia, comercializan condimentos en medio mundo, incluso paella liofilizada en Estados Unidos.

Por Llum Quiñonero. Fotografías de Luis de las Alas

Por la cinta pasean los botes de Carmencita que se van llenando de orégano; más allá, envasan pimienta negra, y en este banco próximo están empaquetando, a mano, hojas de laurel. En el recorrido huelo a canela, a pimentón, a vainilla; en una sala próxima, veo montones de cajas de Mandarín, famoso por su flan chino, el de la era del Japón, el de la coleta de tamaño natural. Empiezo a estornudar. Este popurrí de aromas me ha saturado las papilas olfativas. Estas especias han llegado hasta este pequeño pueblo alicantino desde países lejanos, donde hace muchos siglos las descubriera Marco Polo para el mercado europeo. Y pronto retomarán el viaje.

Descanso en la sala noble, la del envasado del azafrán, la reina de todas las especias, la más codiciada, la más cara, la más difícil de cultivar y de conseguir. Una trabajadora vuelca, sobre un banco de acero limpísimo, una caja cilíndrica repleta de pistilos, que despide un perfume elegante, aterciopelado, intenso; una montaña de filamentos granate cae adormecida sobre la mesa. ¿Cuánto hay ahí? ¿Tal vez dos kilos de diminutos estambres? Es manchego, y su precio ronda los i.202,02 euros el kilo. Toda una fortuna para el tamaño.

Estoy en Novelda, Alicante, en la sede central de la empresa Proaliment, líder en el sector de especias en España. Jesús Navarro es su presidente. Y su marca, Carmencita. Con ella venden dentro y fuera de España 2,2 toneladas de azafrán, 250 toneladas de pimentón, 85 toneladas de canela, i75 de pimienta, 75 de piñones, 55 de orégano… Un total de 20 millones de tarros envasados con decenas de hierbas y especias, que llegan a las cocinas de más de 35 países de todo el mundo. Pero, además, envasan y distribuyen verduras, infusiones y postres. En la actualidad, posee una plantilla de i48 trabajadores y la previsión del volumen de ventas para este año ronda los 4i millones de euros.

Jesús Navarro Valero, hijo de Jesús Navarro Jover, el fundador de Carmencita, representa a la segunda generación de esta empresa que comenzó su andadura en los años 20 y a la que ya han tomado el relevo tres nietos del fundador. Primero fue el azafrán; más tarde, la familia entró en el negocio del mármol, de la uva de mesa, y otras especias. Y a finales del siglo XX la empresa acomete nuevos retos. En sociedad con el grupo alimentario Ebro Agrícolas, compran marcas de prestigio como el flan chino Mandarín y comienzan a envasar otros postres, verduras, infusiones, salsas y pastas orientales. También empaquetan una mezcla de especias con azafrán, El Paellero, liofilizan el caldo para la paella, lo venden con la dosis de arroz y de aceite incluidos y se lanzan a por el mercado norteamericano, poniendo a Carmencita en los fogones gringos.

Riqueza entre las piedras. Pero ¿cómo comienza esta particular epopeya? Novelda es una tierra pobre, de cultivos de secano, sin agua en campos que son pedregales. A finales del XIX, la filoxera obligó a los franceses a buscar vino fuera de Francia, y muchos noveldenses, que no podían vivir de sus misérrimos cultivos, se buscaron la vida en el comercio. Así empezaron a llevar a Francia vino de los pueblos vecinos: de Jumilla, de Monóvar… Fue en Marsella donde conocieron a una familia hindú que usaba el azafrán para sus ritos religiosos. Los de Novelda les preguntaron lo que les costaba, en rupias y en libras esterlinas, y echaron cuentas. Sabían que en La Mancha se producía esta excelente especia, así que buscaron el modo de enviársela. Y el azafrán manchego fluyó hasta Novelda y desde allí a La India.

“Entre los primeros noveldenses que empezaron a vender azafrán a La India estaba Manolico Alberola, hermano del que más tarde sería mi suegro”, afirma Jesús Navarro. Manolico, sin saber francés, ni inglés ni casi castellano, en un valenciano de andar por casa, viajaba a París y de allí a Vladivostok para ir a Japón y, por fin, a La India. En uno de sus viajes incluso coincidió con Blasco Ibáñez, que estaba escribiendo La vuelta al mundo de un novelista. Manolico se quedaba varios meses en La India y sus hermanos, desde Novelda, le hacían los envíos”.

En 1919, Jesús Navarro Jover, de familia muy humilde, fue a pedirle un crédito para vender azafrán en España a Manolico Alberola. Y Manolico le prestó el dinero. Así empezó su pequeño negocio. “Mi madre, sus hermanas y algunas vecinas se reunían en casa para meter el azafrán en papelitos. Mi padre viajaba con aquellos sobres empaquetados y los vendía. Así fue abriéndose mercado en Madrid, en Valencia, en Andalucía, en Asturias…”, recuerda el hijo del patriarca.

A finales de los años 20, las marcas empezaron a desarrollarse. “Así, cuando en i927 nace mi hermana Carmen, mi padre le pone su nombre a los sobres de azafrán. La viste con un mantón de Manila y con un sombrero cordobés, en homenaje a sus clientes andaluces, y elige una fotografía de ella con tres años”.

El éxito del comercio con La India fue tan grande que, ya antes de la Guerra Civil, el mercado español empezó a quedar desabastecido. Así nace el colorante alimentario, condimento al que se le llamaba artificial: un sustituto del azafrán, hecho a partir del ácido tartárico. Colorea i0 veces más y es mucho más barato, pero insípido. Conforme aumenta el condimento, el azafrán desaparece de los papelitos. Eso sí, la paella iba subiendo de color. Y en tiempos en los que no había mucha sustancia que echarle a la cazuela, el amarillo de la tartrafina hizo furor en las cocinas.

Durante la contienda, el comercio de la especia roja quedó paralizado. Se dice que algunos de los republicanos alicantinos embarcaban hacia el exilio con un cargamento de azafrán entre sus pertenencias. Acabado el conflicto, la venta de los codiciados estambres retomó su andadura. Jesús Navarro llegó a tener i00 mujeres trabajando. Al día, cada una doblaba un mínimo de 2.333 papelitos. Así, en los años 50, Carmencita suministraba i00 millones de sobrecitos de azafrán al mercado español.

Máquina revolucionaria. “En los años 50, entramos en el negocio mi cuñado Luis Navarro, marido de Carmencita, y yo. En i963 cayó en nuestras manos una máquina italiana empaquetadora, dada como inservible por otro comerciante”, dice Jesús. Un mecánico de coches local, Martínez Parra, la retoca y consigue adaptar el sistema de plegado de papel bobina a su sistema de dosificación del polvo. Con cuatro añadidos logra una máquina que, con tres turnos y trabajando 24 horas, llena hasta 80 millares de carteritas. “El coste del envasado se reduce a una décima parte pero deja sin trabajo a mucha gente. Eso nos obligó a buscarles ocupación y a diversificar nuestros productos y envases. Y lo que parecía una temeridad en un primer momento supuso nuestro relanzamiento comercial”, añade.

En los 80, con la entrada de las grandes empresas de alimentación europeas y americanas se vuelve a mover la tierra en Novelda para los envasadores de especias. “Nos dimos cuenta de que ya no éramos los grandes y valientes entre las empresas familiares. Había que vérselas con gigantes muy poderosos y con las grandes superficies. Entonces dimos otro salto: nueva maquinaria, instalaciones y una red propia de distribución”.

Pero volviendo al azafrán, ¿qué papel juega hoy entre todos los productos Carmencita? “Las especias son casi el 70% de nuestro volumen de negocio, y el azafrán, la más importante por razones históricas y de prestigio. El problema es que cada año se produce menos en La Mancha, a pesar de que es el mejor del mundo por su aroma, color y sabor. A principios de siglo La Mancha producía hasta 40.000 kilos, pero la última cosecha no superó los 3.000”. Así que esta empresa también distribuye azafrán de Irán, de Grecia y de Marruecos. Sin embargo, el que envasan en tarros de lujo, el más preciado, el más caro, sigue siendo el manchego.

¿Y dónde consumen especias españolas en el mundo? “Los países árabes son importantes clientes porque hacen 20 tés al día y a todos les añaden azafrán. En América se llevan la palma los venezolanos. Y también México y Cuba. Empezamos a exportar en i980 y poco a poco el mercado ha ido creciendo. A Estados Unidos vamos con el azafrán, con pimentón, con el Paellero y con el Set Paella, que ha inventado la nueva generación: arroz, aceite y el fondo del caldo liofilizado”. ¿Eso, de verdad, está bueno?, pregunto. “Es excelente. Ten en cuenta que por tres o cuatro euros tienen un arroz para cuatro personas. Si, además, le añades unos calamares o unas gambitas, no tiene nada que envidiar a una buena paella”, dice entusiasmado, agitando una bolsita donde leo: Spanish paella.

Llaman al teléfono. Es Jesús Navarro, nieto, desde Nueva York, que anuncia su vuelta tras un viaje comercial. Su juventud es imprescindible para acompañar a Carmencita que, cumplidos los 83, sigue abriéndose mercados por el mundo.

Los “hijos” de la pequeña Carmen

Azafrán. Carmencita envasa 2,2 toneladas. Para obtener un kilo se necesitan unas 250.000 flores, que ocupan cerca de 10 hectáreas. Se recolecta en invierno; cada día se separan sus pistilos de las flores y una vez reunida la partida se tuesta a fuego lento. Su cultivo fue introducido en la península por los árabes.

Pimentón. Envasan 250 toneladas. Se consigue después de moler pimientos rojos secos. El más suave, el pimentón dulce, es la paprika, al que se le extraen las pepitas. Tiene vitamina C y su aroma es suave y penetrante.

Pimienta. La especia más consumida, comercializan 175 toneladas. Es una planta tropical y trepadora, originaria de La India. Las bayas, una vez recolectadas, se desecan. En grano, se conserva en recipientes herméticos durante largos periodos. Se cultiva en Indonesia, Malasia, Madagascar y Brasil. Representa el 25% de la producción mundial de especias, de la que EEUU es el principal importador.

Ajo. La empresa envasa 120 toneladas. Originario de Asia Central, se utiliza como condimento en la mayoría de platos tradicionales en España. Sólo en Las Pedroñeras (Cuenca) se producen 31.700 toneladas. La variedad más extendida es la morada. Se cultiva principalmente en secano (75%), aunque en los regadíos se alcanzan mayores rendimientos.

Canela. Se preparan 85 toneladas anuales. Es la corteza de un árbol originario de Sri Lanka, de hoja perenne; puede alcanzar 10 metros de altura. Se presenta en rama o molida en polvo. Aromática y de sabor fuerte, se usa en postres, chocolates, pasteles e infusiones.

Piñones. La empresa trabaja con unas 75 toneladas. Es el fruto de las piñas de pinos piñoneros. Ricos en magnesio, hierro y fósforo. Su produccion en España se concentra en la zona centro, en el suroeste y en el noroeste. Se estima que se producen entre 1.500 y 2.000 toneladas anuales. Son apreciados por su versatilidad para preparar guisos y repostería.

Perejil. Se manufacturan 50 toneladas. Es una hortaliza y se usa básicamente como condimento. Tiene vitaminas A, B2, B6, C y aporta calcio, hierro y potasio. Posee 5,2 gramos de proteínas y 9,1 gramos de fibra por cada100 gramos.

Cominos. Su semilla proviene de una planta originaria del Mediterráneo y del norte de África. Es un ingrediente básico en las cocinas del norte de África, del Oriente Próximo y de La India. De sabor fuerte y olor dulzón, es esencial para preparar “curry”. Envasan 55 toneladas.

Orégano. Procede del Mediterráneo y es indispensable para la cocina de Italia y Grecia. Condimenta arroces, pastas o ensaladas. Al año, pasan por la empresa 55 toneladas.

Tomillo. Carmencita envasa 15 toneladas. Es un arbusto pequeño de la cuenca mediterránea. Los egipcios conocían sus propiedades antisépticas y lo utilizaban para embalsamar. Aromático, se usa en platos que incluyan como ingrediente el vino tinto.

Ñoras. Pimientos rojos, secos, pequeños y redondos, muy utilizados en la cocina alicantina, murciana y catalana. Se usan como condimento, por su poderoso sabor y coloración, en arroces, guisos y salsas. Se comercializan 12 toneladas.

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